ImpactMonitor Studio construye herramientas de medición de impacto para el sector farmacéutico. Su producto estaba validado y la demanda crecía, pero cada implantación estaba atrapada en un ciclo de configuración que se alargaba semanas — a veces meses — antes de que el cliente viera el primer dato en pantalla.
El resultado era acumulativo: treinta proyectos comerciales cerrados que no avanzaban, cerca de novecientos mil euros de facturación bloqueados esperando a que la operativa pusiera todo en marcha, y un equipo interno que empezaba a percibir el crecimiento como una amenaza y no como una oportunidad.
Entramos con una radiografía de dos semanas: seguimos el recorrido de un proyecto desde que se firma el contrato hasta que el cliente ve el primer dashboard funcionando. Identificamos los pasos que aportaban valor y los que sólo existían porque nadie los había cuestionado.
Rediseñamos el proceso de intake con el equipo — plantillas de configuración, checklist de arranque, roles claros entre comercial, producto y customer success. En paralelo, automatizamos la parte técnica que consumía la mayor parte del tiempo: la carga de estructura de proyecto pasó de ser un trabajo manual de días a un formulario que cualquier miembro del equipo puede completar en una tarde.
Los treinta proyectos que estaban esperando entraron en producción en las siguientes seis semanas. La facturación bloqueada volvió al pipeline. Y lo que era más importante: el equipo dejó de sentir que la operativa era un cuello de botella y volvió a poder decir sí cuando llegaba una oportunidad nueva.
Si algo de este caso te suena a lo que está pasando en tu empresa, cuéntanoslo. Nos encantaría entenderlo.
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